La jerarquía de la Iglesia católica hondureña se posicionó del lado del Gobierno de Roberto Micheletti, que asumió el poder tras el derrocamiento del presidente Manuel Zelaya, a quien pidió que medite su regreso al país porque eso «podría desatar un baño de sangre».
En un comunicado de la Conferencia Episcopal, leído por el cardenal Óscar Andrés Rodríguez y firmado por los once prelados de la Conferencia Episcopal, la cúpula de la Iglesia católica hondureña defiende que «las instituciones del Estado democrático hondureño están en vigencia».
La cosa tan rara es que la iglesia católica apoye un golpe de estado en latinoamérica. Inaudito.








