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By Akin since 2002
Os copio el manifiesto del proyecto de un conocido: la distribución de textos científicos bajo licencia GNU (gratuita y libremente copiable y modificable y ...):

El proyecto alqua fue fundado con el objetivo de promover la creación de un fondo de documentos libres de carácter científico que permitiese a cualquiera aprender con libertad.

Estos documentos son libres en sentido amplio: no sólo se permite su reproducción y distribución (gratuita o no) sino que también se permite su modificación. Además, los documentos contienen una licencia (la licencia GNU para documentación libre, GFDL) que garantiza que estas libertades de que dispone el lector (y potencial autor) no pueden ser restringidas ulteriormente. Cualquiera que reciba el documento y lo modifique está obligado a distribuirlo en los mismos términos de libertad que lo recibió.

El proyecto surgió en 1999 estimulado por nuestra incomprensión ante la duplicación de esfuerzos en la redacción de materiales didácticos para la física. Nos parecía natural compartir aquello que nos gustaba, el conocimiento de la ciencia. Lo que escribiésemos debería poder disfrutarse sin merma de libertad por las personas que estuviesen interesadas.

Conocedores de una iniciativa similar, que reivindicaba un ejercicio más completo de la libertad en un ámbito muy próximo a la ciencia (el software), decidimos aplicar los mismos principios a nuestro campo. Es evidente que en lo que toca a los textos científicos la libertad brilla por su ausencia. No se puede, legalmente, compartir su contenido ni, desde luego, modificarlo. Son muchas veces inaccesibles para estudiantes o bibliotecas por su precio desmedido y se actualizan despacio debido a su sistema de distribución no digital. Por último, como veremos, no están sometidos a un sistema de mérito en sentido estricto.

Las ventajas de los documentos libres

Algunas personas que hemos conocido están interesadas por este modelo de colaboración pero se preguntan qué clase de control tienen sobre sus documentos libres. La respuesta es sencilla: la licencia está diseñada de modo que a cada uno se le atribuya aquello de lo que es responsable y nada más.

En particular, no se pueden publicar versiones modificadas con el mismo título sin consentimiento de los autores originales. Todo documento va acompañado de una historia donde se reflejan los cambios que ha sufrido a lo largo del tiempo y quién los realizó. Las versiones publicadas deben ser accesibles durante un tiempo determinado. Y se pueden calificar ciertas secciones de invariables siempre que no traten del tema del documento.

La estructura de difusión (carácter digital y protección de la libertad) favorece el establecimiento de un sistema de mérito. En tal sistema se desarrollan, usan y difunden más los mejores documentos. Por ejemplo, las ediciones analógicas (impresas) actuales no están sometidas a un sistema de mérito, ya que intervienen fuertemente los factores disponibilidad y precio. Es decir, no me compro (y por lo tanto no uso) el mejor libro porque mi librería local no lo tiene o porque excede mi presupuesto. Sin embargo, el coste de una descarga de la red es marginal, hay visores de los documentos disponibles para todas las plataformas y elegir un documento no implica no poder descargar posteriormente otros siete sobre el mismo tema.

La naturaleza de los documentos académicos ¿se presta a un sistema de mérito?. La respuesta no puede ser afirmativa sin más. Si bien de un programa se pueden cuantificar elementos de mérito como rapidez, espacio ocupado en memoria y, ya más discutiblemente, diseño del interfaz, no se puede decir lo mismo de un tratado sobre óptica o microeconomía, mucho menos de un curso de ontología y para qué hablar de una novela o un poema.

En todo caso, los documentos académicos más susceptibles de sujetarse a un sistema de mérito para su desarrollo son aquellos que versan sobre una disciplina científica estable y por eso alqua se ha dedicado a este ámbito en primer lugar.
Una nueva dinámica de creación y aprendizaje

Uno de los efectos más interesantes de introducir los documentos libres en el aula es que difuminan la frontera entre consumidor y productor de conocimiento. De este modo, la infinita variedad de saberes que las personas poseen (en la realidad no siempre acorde con los planes de estudios) queda mejor representada. El criterio para participar en un documento es, solamente, hacerlo bien.

Algunos autores pueden pensar que distribuir su documento bajo un copyright que restringe la libertad de copia es más rentable. Esto no tiene por qué ser cierto, por dos razones.

En primer lugar, libre no quiere decir gratuito. Una editorial podría publicar un documento libre obteniendo beneficio de ello. De hecho, es una buena idea hacerlo dado lo agradable que resulta manejar un libro bien encuadernado. También los autores pueden aceptar una compensación de los lectores por continuar su trabajo en un determinado documento.

En segundo lugar, la mayor parte de los autores son primeramente lectores. Cabe esperar, pues, que el enorme ahorro derivado del acceso a documentos libres supere holgadamente el beneficio económico de una publicación de la forma a la que estamos acostumbrados.

En todo caso, aquello que no puede valorarse es la libertad que proporciona un documento que puede quedar adaptado a un curso académico eliminando dos capítulos, añadiendo algunos ejercicios y escribiendo una sección introductoria, por ejemplo. Las universidades u otras instituciones educativas podrían cumplir mejor su función social poniendo a disposición del público, en condiciones de libertad, su patrimonio más importante: el conocimiento.

Todo esto y mucho más queda facilitado por un modelo de cooperación que anima, pero no impone, al trabajo en equipo y que, a la larga, beneficia a todos. alqua intenta ofrecer los medios que facilitan esta tarea.

A modo de conclusión

El proyecto alqua ha recorrido un largo trecho: sale a la luz en 2002 con varios documentos de física de nivel universitario y pronto incorporará artículos remitidos a revistas científicas y textos de otras materias.

Las instituciones pueden colaborar apoyando económicamente el proyecto, patrocinando ediciones impresas o aportando material.

Pero sobre todo alqua necesita tu participación, con tu tiempo, esfuerzo y aptitudes, compartiendo lo que sabes pero también indicando lo que no sabes o no entiendes, para que los documentos libres en marcha y otros nuevos alcancen los altos niveles de calidad a los que aspiramos.

Te invitamos a construir un patrimonio científico que nos pertenezca a todos.

Versión 1.0, mayo de 2002.

Copyright (C) Álvaro Tejero Cantero y Pablo Ruiz Múzquiz, fundadores
del proyecto alqua. http://alqua.com/manifiesto.
Se permite la copia y distribución literal de este artículo por cualquier medio,
siempre y cuando se conserve esta nota.

www.alqua.com
19:31 del 2002-06-13 # 6 Comentarios

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Comentarios

1
De: flexarorion Fecha: 2002-06-13 21:06

Creo que en vez d www.aqua.org
queríais poner www.alqua.org



2
De: flexarorion Fecha: 2002-06-13 21:06

Creo que en vez d www.aqua.org
queríais poner www.alqua.org



3
De: Akin Fecha: 2002-06-13 22:04

A mi me entra correctamente en www.alqua.com y no me encuentra el .org

Aunque probablemente le iría mejor un .org :-D



4
De: rvr Fecha: 2002-06-14 03:06

Akin: No es aqua (de agua, water, líquido) sino aLqua.



5
De: Akin Fecha: 2002-06-14 07:45

Coñe, pues no había caído, es cierto que lo escribí mal al final del texto (y lo había escrito bien en el título, así que tiene delito).

Además, es que yo sabía que era Alqua porque estaba escrito en Quenya que para eso uno de los autores es Pablo Ruiz "Aranath", presidente del smial de Hammo (sección de la Sociedad Tolkien Española radicada en Madrid).

Ahora mismo lo corrijo



6
De: esceptico Fecha: 2002-09-15 16:57

Asi que en quenya... ya decía yo que todo el proyecto sonaba a fantasía. No se sostiene publicar ciencia sin que los textos sean antes revisados y criticados. Para divulgar los conocimientos ya establecidos si que podría funcionar. Pero el hecho de que cualquiera pueda cambiar un texto lo convierte en una vía peligrosa para divulgar ciencia. No hace falta recordar la cantidad inmensa de personas a las que le gustaría que la ciencia explicara cosas distintas a las que explica.