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By Akin since 2002
Sábado noche, 25 de Agosto del 2009.

Con el ánimo de poder ver los bólidos tradicionales de estas fechas, una concatenación de meteoros que a su paso por la atmósfera se abrasan emitiendo en el proceso una fuerte luz de diversos colores, esa lluvia de estrellas conocida como "las perseidas", me voy al Camping de Fraga do Eume donde la contaminación lumínica es tolerable y el ambiente siempre familiar y agradable. Allí espero repetir mi experiencia de hace unos años donde, tumbado boca arriba, pude observar este mismo fenómeno con una claridad que me permite decir que fue una experiencia inolvidable.

Sin embargo, algo no fue bien ese día, a pesar de que las previsiones hablaban de mucho calor y cielos despejados, cuando comenzó a caer la noche el resultado fue éste:

_igp5335.jpg

Las brumas se elevaban desde el valle, el frío se hacía intenso, los perros ladraban y de haber habido gansos, seguro que también habrían emitido algún molesto sonido cuasi-sobrenatural. A medida que la noche se acercaba más, la propia niebla iba amortiguando los sonidos.

Un despiste, y levanté el flash de mi cámara. El susto ya fue importante, y lo que parecían almas en pena parecían rodearme por todos lados, en forma de pequeñas nubes grisáceas que mi cámara captaba pero no mis ojos. Debí darme cuenta en ese momento que sólo era el comienzo de todo lo que vendría después:

_igp5337.jpg

De haberlo sabido habría hecho igual que los gansos y no habría estado presente, pero para bien o para mal yo no era un ave migratoria convertida en ave de corral, y sí estaba allí, listo, expectante, pero no preparado para... ello...

_igp5343.jpg

Su semitransparencia sobrecogió mi anonadado bombeador de sangre cuasi-coagulada provocando una cuasi-interrupción de su ritmo sistólico/diastólico y por un momento alguna otra parte de mi cuerpo pensó incluso en relajar algún músculo circular, pero por suerte pude contener la emisión de desechos orgánicos que mi sistema digestivo consideró inaprovechables y que habría tenido lugar di la relajación muscular hubiese sido completa.

¿Qué querría aquella presencia?

¿Sería un fantasma? ¿Sería algún Lama tibetano vestido a la usanza europea realizando una excursión espiritual por aquel camping concreto? ¿Sería un extraterrestre de algún otro universo paralelo visitando nuestro mundo a través de un agujero de gusano que habría acercado sus dimensiones a las nuestras hasta casi hacerlas cuasi-coincididentes?

¿Querría trasmitirme algún mensaje? ¿Por qué a mí de entre los 6000.000.000 de humanos de este planeta que ronda a una distancia intermedia una estrella bastante común situada en un extremo de un brazo cualquiera de la espiral que es esa galaxia tan común hasta casi poder tildarla de vulgar que es la Vía Láctea?

Numerosas preguntas se agolpaban en mi órgano regulador de la función nerviosa sin que las evidencias físicas que tenía presentes permitiesen aventurar una hipótesis comprobable por un laboratorio independiente. Como de nuevo el músculo formado por fibras lisas circulares amenazaba con relajar su función, no tuve más remedio que echarle valor y preguntarle, directamente, todo lo que me vino a la cabeza condensado en una pregunta universal de rápida transmisión y óptima inquisición informativa y que, desde hace muchos siglos, ha definido la notable idosincrasia de aqueste pueblo gallego capaz de resumir la inquisición de todo el saber universal en una pregunta de menos de un segundo:

- ¿Qué?

La respuesta de la entidad fue mostrarse un poco más, lo que permitió reconocer en su rostro la señal inequívoca de la muerte, identificando al ente como lo comummente conocido como un fantasma, entidad paranormal que representa el alma de un humano -creo que existen casos de fantasmas animales también- que ha muerto y que, no apeteciéndole hacer un viaje al más allá desde el más acá, decide quedarse un tiempo más en nuestro mundo para, según se dice, realizar en muerte una tarea que no pudo llevar en vida. Una muerte que en este caso y a todas luces fue violenta por los rastros de sangre que todavía invadían su antaño hermoso y limpio cutis cuidado, seguramente, a base de cremas hidratantes, antiarrugas, aportadoras de colágeno y vitaminas varias para mantener los signos del paso de los años en un nivel contenido. Claro que, cuando luego te mueres y andas como fantasma, las señales de la edad no pueden seguir siendo contenidas a no ser que hayas tenido la previsión de llevarte cremas faciales en tu tránsito vida-muerte porque las ordinarias no son aplicables a la incorporiedad fantasmal. Sin duda se forrará la primera marca que lo consiga.

El caso es que ese ente terminó por querer cumplir su función mientras yo seguía dando vueltas a los efectos de los antiarrugas en los rostros de los fantasmas:

Un gesto de su mano derecha trasmitió su mensaje con tanta claridad como yo había formulado mi pregunta, y al fin tuve respuesta inequívoca a uno de los grandes enigmas de la humanidad: la muerte no es una desgracia, es una alegre victoria:

_igp5347.jpg

22:38 del 2009-08-17 # 1 Comentarios

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Comentarios

1
De: tyler Fecha: 2009-08-18 14:07

¡¡Jajajaja!! Oh-dios-mío... También está la variante, más culta, del "¿o qué, ho?"
En fin, cuasi diría que estais mu mal...



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