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Por cierto, la famosa foto de Carter de la niña y el buitre es una denuncia poderosísima de la realidad, pero no es lo que parece, es puramente metafórica. Esa niña estaba allí porque allí es a donde van a cagar los de su tribu, y eso estaba haciendo ella. Al fondo, el carroñero que espera la ración de mierda que la niña dejará. No está esperando la muerte de la niña sino su mierda. Un tiempo más tarde otros fotógrafos, españoles, fueron al mismo sitio y sacaron la misma foto.
La foto denunció la miseria al mundo entero. Pero las mentes bienpensantes en vez de aborrecerse por la miseria que consentimos desde occidente cargaron contra el fotógrafo. Por no profundizar en la verdad de la foto, mataron al mensajero.
Carter se suicidó tiempo más tarde. Corrió el rumor de que fue por el cargo de conciencia de haber sacado esa foto. Y muchos pensaron que era justo. Se equivocaron entonces también, Carter llevaba mucho tiempo con depresiones y drogas, problemas familiares irresolubles, y adicto a captar el horror africano. Un día dejó a dos amigos y siguió camino en su coche, sus dos amigos fueron asaltados y tiroteados, uno de ellos murió. Esa fue la gota que sobrepasó el vaso de Carter, incapaz de seguir con su vida y superado por la muerte de su amigo, dejó que el anídrido carbónico de su furgoneta acabase con él.
Murió el mensajero, ya no sacará más fotos de buitres mirando niñas famélicas. Nuestras conciencias están a salvo de volver a ser sacudidas por su cámara ¿Es ahora el mundo un lugar mejor?
No hay suficientes denuncias sociales. Muy pocos de nosotros (yo desde luego no) tienen las agallas de irse a una zona de guerra o de hambre y sacar a la luz las miserias. Sólo falta que además de jugarse la vida día tras día encima los convirtamos en proscritos porque no queremos denunciantes sino héroes, aunque el precio sea no tener ni unos ni otros.
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