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By Akin since 2002
Creo que lo único auténticamente bueno de este blog es el título, mi única gran inspiración: Desbarradas le llamé y con ello nadie puede llevarse a engaño sobre su contenido. Luego le puse uno de mis nicks, Akin, que por cierto y como alguna vez he explicado es un nombre Yoruba.

Hace unos días publiqué una de mis desbarradas, que recomendaba encarecidamente no leer. Sigo pensando que era un buen consejo, pero yo necesitaba publicarla. Hoy va otra que también recomiendo no leer, pero que también necesito publicar. Parece que últimamente este blog es básicamente una especie de terapia para el autor. Me extraña que no me obliguen a poner una advertencia de las autoridades sanitarias.

Permitidme que empiece, esta vez, por el final. Es un pequeño relato, una versión novelada de un sueño real que tuve hace unos días:

Conducía hacia A Coruña, no podría precisar la fecha pero debían ser finales de verano y la tarde estaba cayendo. Una tarde calurosa sin ser pesada, agradable, y con el cielo de un intenso azul sin nubes, con una atmósfera muy limpia.

Ese día conducía sin prisa, como me gusta conducir a veces, relajado. Y en un impulso tomé un desvío de la carretera. Es algo que hago a menudo cuando voy relajado, tomo una carretera local que no conozco por el simple placer de ver un luegar que nunca he visto antes. Aquella carretera se volvio estrecha y su asfalto irregular, con algún bache ocasional. Aquella ruta me llevó hacia "Orisha", un bar del que había oído hablar y que se encuadraba dentro de una finca bastante extensa, un lugar extraño donde se daban cita gentes extrañas venidas de cualquier sitio. Tenía mala fama, e incluso había tenido algúnproblema con las autoridades por su mal estado de conservación.

El bar en sí era una única estancia de una planta, un lugar luminoso con amplios ventanales en tres de sus paredes y una barra en el cuarto. Varias mesas y sillas que habían conocido mejores tiempos de desperdigaban por la estancia dejando mucho espacio entre ellas para la gente que prefería estar de pie. El lugar estaba bastante concurrido, pero tras un rápido vistazo mi interés pasó a la finca en sí.

Tomé la cámara. Últimamente voy a todos lados con ella en una mochila, y suelo bajar la mochila por el miedo a que me la roben. Pero en aquel lugar la colgué al cuello, bastante convencido de que en aquel lugar había un reportaje.

Un pequeño sendero de tierra, formado por el simple paso de la gente sobre la hierba, me llevó de la cafetería a los inicios de aquel lugar. Con un pequeño puente de madera sobre un pequeño arroyuelo a modo de única puerta a lo que había despues. Que curiosamente era un muro escalable. No era la típica pared de cemento con agarraderas bien situadas para ser fácilmente de escalar, y a donde subes atado por una cuerda que te salva de la caída. Era un simple muro alto hecho con piedras y barro, los mismos materiales con los que estaba hecho el bar y que eran también los materiales con los que durante muchas generacioes se habían edificado las casas del rural gallego. Aquel muro tendría como unos diez metros de algo por unos seis de alto, y era una simple pared levantada allí mismo. Me pregunte qué se haría al llegar a lo alto, bajar por supuesto, pero estaba seguro que no había una escalera por la parte de atrás. El paso del tiempo, el viento y la lluvia, habían erosionado su parte derecha, que parecía poco firme, como capaz de desmenuzarse. Un cartel prohibía su escalada advirtiendo del peligro, sin duda uno de los problemas con las autoridades. Y sin embargo, alguien escalaba en ese momento, alguien evidentemente experto a juzgar por la velocidad con la que se desplazaba, parecía que en vez de un chico era una especie de insecto de largas patas que corría pared arriba.

No saqué fotos de aquello.

Unos metros más adelante el camino se bifurcaba, un desvío hacia la derecha ligeramente ascendente llevaba hacia una zona de acantilados, no muy altos, pero sí hermosos, con un mar color azul oscuro bajo aquel cielo añil donde, ahora sí, se veía alguna nube blanca que sólo realzaba los colores por el simple contraste que mostraba. Aquella zona rocosa tenía estupendas fotografías, pero a pesar de ello mis pasos me llevaron por el camino de la izquierda, ligeramente descendente, y que ahora iba paralelo al curso del riachuelo en cuyas veras crecían algunos árboles que en algún lugar llegaban a formar una auténtica fraga. Aquel caminito me llevó hacia su desembocadura, donde sin casi discontinuidad un remanso en forma de meandro confundía río y mar. Una vieja barca que en otros momentos había sido verde mostraba ahora sus viejas tablas combadas y separadas entre sí por el peso del tiempo, con un viejo remo colocado dentro de ella.

Aquella era otra gran fotografía que tomar. Aquella barca tenía una historia, o mejor dicho: aquella barca era una historia que debía ser contada. Y una fotografía era el medio ideal para contarla. Sin embargo, tampoco tomé aquella foto. Al igual que con los acantilados, eran fotos que tendrían que esperar.

Mi vista se dirigió de inmediato hacia la fraga, los árboles dejaban pasar entre sus hojas hilos de que se estrellaban en el riachuelo, formando un magistral contraste entre luces y sombras, entre agua y cielo, entre helechos de color verde claro y las hojas de los viejos robles que tomaban tonalidades mucho más oscuras. Aquella foto ni siquiera me la planteé, es una de esas tomas que no se sacar, un fuerte contraste que todavía no sé como dominar.

Sin embargo, estuve largo rato mirando aquel rinconcito, algo así como la repetición de tantos y tantos lugares que forman parte inseparable de mí mismo y mis años de niñez en paisajes rurales gallegos. Aquel lugar me hacía sentir bien.

Deshice mis pasos, y comencé entonces a caminar hacia los acantilados, hasta encontrarme una pequeña explanada donde se juntaban rocas y césped sobre el cual se distribuían de forma aleatoria decenas de jóvenes. No necesité aguzar el oído para saber que eran de muchos países diferentes, allí había alemanes, holandeses, ingleses, checos, algún oriental, y por supuesto algunos españoles. Ahora sí mi mano se fue a la cámara, aquello era lo que había venido a buscar. Caminé entre ellos escuchando una cacofonía de idiomas y acentos, pero me sentía a gusto. Casi todos habían adoptado una estética hippie pero no parecía un signo de identificación tribal carente de contenido como en tantos otros colectivos, ni era tampoco un modo ni una excusa para vivir sin trabajar. Aquella chica que tocaba y cantaba sentada en una piedra quizás lo hacía también en la calle, al acabar su jornada laboral como camarera. Aquella otra chica de pañuelo palestino quizás trabajaba en una guardería, donde se la vería tumbada en el suelo metiendo sus manos en pintura como sus niños para luego ponerlas sobre una gran cartulina. La chica del cuaderno donde dibujaba a lápiz quizás daba clase en una escuela de arte. El chico el tatuaje y los dos piercings quizás era un obrero de la construcción en su país natal. El chico tenía a ambos lados dos chicas recostadas contra él, y mi mano llevó la cámara al ojo. Me sonrió al ver que le iba a tomar una foto. Nunca me han gustado los piercings, pero aquella sonrisa era la de un chico majo.

No sé por qué, pero aquella gente me hacía sentir bien. Yo era el alienígena, el que vestía raro, el que iba con una cámara a captarlos como occidental fotografiando una tribu africana, pero sin embargo sus sonrisas eran tan francas y directas que me sentía en realidad uno de ellos.

Cuando bajé la cámara la chica del pañuelo palestino que quizás cuidaba niños en una guardería estaba a mi lado, no sabría decir si era guapa o fea, o gorda o delgada, todo eso era poco importante porque su expresión era radiante y lo dominaba todo. Ni siquiera recuerdo qué hablamos pero a los pocos segundos ambos nos reíamos. Me ofreció a mostrarme el lugar y acepté, y comenzamos a caminar despacio charlando animadamente. Tenía una voz dulce y cantarina, de risa fácil y contagiosa, muy alegre.

No sé por qué, pero la tomé de un brazo y la besé. Aquel lugar me invitaba a disfrutar, a vivir el momento, y en aquel momento quería besar aquella chica. Su respuesta me tomó por sorpresa, abrazándome con fuerza me devolvió el beso, con una pasión que haçia pensar que yo era el amor de su vida al que no había visto en años. En medio de aquel instante todavía tuve tiempo para pensar, fugazmente, que yo era todavía el extranjero. La respuesta de la muchacha me hacía ver que, incluso cuando yo decídía disfrutar de la vida, lo había hecho con timidez, como con miedo, y en aquel lugar lo que procedía era lanzarse sin paracaídas. Si quería besar, debía hacerlo como ella, como si ese instante fuese único y toda la alegría y la vida del universo debieran condensarse en ese momento.


El sueño es real tal y como lo recuerdo. Me sentía tan a gusto que cuando sonó el despertador lo apagué y seguí soñando. Eso me costó salir luego a toda prisa y sin duchar hacia el trabajo, pero mereció la pena. En el coche trataba de retener detalles porque era imposible ganar más tiempo y pasar los recuerdos a notas, pero los recuerdos de los sueños se desvanecen con facilidad y el intento de reconstrucción que hice a posteriori dejó muchas cosas en el tintero.

Pero me levanté con una sonrisa boba, y la alegría del sueño me duró todo el día.

Es curioso, tuve una buena infancia, pero no una adolescencia especialmente feliz, como buen nerd. Durante la adolescencia tenía por costumbre recurrir a los relatos como escapismo, afortunadamente perdidos para siempre porque soy un mal escritor y entonces lo era todavía mucho peor. Y aquellos relatos solían ser sobre lugares como Orisha. Mis sueños conscientes -y por lo visto también los oníricos-, y lo veo ahora en perspectiva, tienen varios puntos en común: gentes un poco al margen de la sociedad, lugares pacíficos, convivencias utópicas según otros valores diferentes a los socialmente establecidos, chica alegre de voz cantarina y risa fácil -eso no solía faltar-, y gentes de muchos lugares; y sobre todo alegría, capacidad para vivir disfrutando de la vida. Hay más cosas recurrentes, pero esas siempre aparecían en aquellos relatos escapistas como han aparecido en éste relato onírico.

Cuando superé la adolescencia empecé a buscar mi sueño, torpemente. Durante un tiempo me uní a algo parecido a una ONG, luego busqué la libertad de cuerpo y espíritu que sigo viendo en el nudismo, la libertad de ser otras gentes que encontré en el teatro, el mundo paralelo que representan los frikis tanto tolkiendilis como roleros, incluso un deporte minoritario y con unas reminiscencias arcaicas como es el tiro con arco tradicional. En algunas cosas sigo, en otras ya no, pero en cierto modo todas ellas fueron búsquedas de mi Orisha, y todavía sigo buscando. Creo que me faltó la chica de voz cantarina y risa fácil para que me quedase definitivamente en algunas de esas culturas diferentes.

Quizás suena raro expresado así, pero analizándome estos últimos días tras un sueño tan extraño veo todas esas pautas.

Para que esta historia tenga un poco de todo, hay una curiosa anécdota: como dije al principio mi nick es Akin, un nombre Yoruba sacado de un libro. Cuando desperté recordé que había un grupo de hip-hop con ese nombre y me pregunté por qué demonios mi Sangrilá particular había tomado el nombre de un grupo de música de un estilo que no me gusta. Buscando por Internet encontré que es un grupo de hip-hop cubano, que mezcla el rap con la música de su país; pero su nombre es Orishas, en plural. Así que me puse a buscar si el nombre en singular tenía algún otro significado. Y... tachán... es una manifestación divina de la religión Yoruba.

Sin duda eso no podía ser una casualidad, así que hice un pacto con Olodumare, el dios supremo de esa religión, si él me proveía de sueños tan buenrollistas como ése, dejaba de lado mi escepticismo y extendería su fe. Desgraciadamente no hubo más sueños como ése, así que con uno sólo no hay trato.

Pero ha sido muy llamativo encontrarme que el lugar de mi sueño tenía un nombre tan curiosamente relacionado con mi nick.

23:45 del 2009-10-26 # 11 Comentarios

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Comentarios

1
De: Cosechadel66 Fecha: 2009-10-27 11:06

Pues tio, eres un mierda recomendando cosas, que por poco te hago caso y no lo leo...

Carpe Diem



2
De: enhiro Fecha: 2009-10-27 13:31

Por si lo de la toma de alto contraste en el sueño es verdad. Si el rango dinámico de tu cámara se ve superado, la única forma de conseguir algo decente es apoyar la cámara (yo siempre llevo un trípode ligero en la mochila) y bracketing de 3 tomas con distintas exposiciones. Luego juntarlo todo con un software de HDR, pero ojo, sin usar esos efectos horripilantes que usa la gente para los HDR.

Otra forma es bajar el contraste de la cámara si tiras en jpg, pero eso realmente no aumenta el rango dinámico, con lo que funciona pocas veces.



3
De: Akin Fecha: 2009-10-27 13:43

Lo del HDR lo tengo pendiente, no sé si hay algún programa que lso genere para Linux. Aparte de que no estoy dedicando tiempo al post-procesado por ahora, que dominar la toma ya es complicado...

La otra opción es usar filtros neutros que reducen contraste (físicos me refiero, hardware :D), pero eso lo tengo más pendiente aún.



4
De: enhiro Fecha: 2009-10-27 14:10

Para hdr en linux tienes lo mejor que hay: Qtpfsgui . Siempre, tengo que buscar el nombre porque es lo menos recordable que existe. También está la opción de hacerlo a mano superponiendo capas en gimp, pero eso es bastante tedioso.

La opción de los ND también es buena, yo me resisto a comprar filtros porque si cambio de objetivo seguramente ya no me valgan. Está la opción de los que no son de rosca, pero son algo carillos.



5
De: enhiro Fecha: 2009-10-27 14:20

Por cierto, yo quiero sueños como esos, los míos siempre son de quiero y no puedo.



6
De: Akin Fecha: 2009-10-27 14:34

Ojalá tuviese más sueños de esos, pero tampoco. Ese día fue inspiración divina (de la divinidad yoruba)

Miraré el programa que dices, que por suerte ha quedado por escrito.

Y los filtros... sí son caros, yo miré los Cokin, pero es que además para mis objetivos necesito de los de la gama P, que son grandes (y más caros).



7
De: Pipa Fecha: 2009-10-27 19:11

Ja,ja,ja... ¿Qué tentación! No lo leáis, no lo leáis!
Pues lo he leído. (Y está bonito)
Un abrazo



8
De: Akin Fecha: 2009-10-27 19:36

Ufff, que va a estar bonito. El relato no tiene estructura, está escrito con torpeza, incluso con palabras repetidas en el mismo párrafo, con algúna discordancia verbal... pero es que no tengo tiempo de más.

Pero es significante para mí, porque era mi sueño :)



9
De: Pipa Fecha: 2009-10-27 21:15

Mira, que no te voy a dar jaboncillo. Aunque sea un borrador me ha trasmitido una sensación de delicia. ¡Ah! Los sueños...



10
De: Akin Fecha: 2009-10-27 21:22

Mi querida Pipa, en eso sí podemos estar de acuerdo. El fondo del sueño es muy agradable, la forma es un tanto chapucera :)



11
De: Iván Fecha: 2009-10-28 11:45

Que lastima, hace bastante que no tengo sueños de ese tipo, con esas sensaciones de haber llegado a tu lugar, de cerrar los ojos, apagar el mundo y seguir en el tuyo y que se jodan que hoy es para ti, se echan bastante de menos.

Te sorprenderia la similitud de experiencias personales que generan sueños o sentimientos asi ;)



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