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By Akin since 2002
Caminaba un Asno por una calle, acompañado por un extraño Dinosaurio que debiera haberse extinguido hacía tiempo pero que aún se mantenía con una cierta vitalidad, no tanta como cuando era joven como evidenciaba su andar de pingüino, pero todavía la suficiente como para ir incando sus dentelladas a los que se le oponían. A su lado caminaban una cohorte de simios que hacían gestos para tratar de ganarse la gracia del Asno, pues se decía que quería irse y querían ocupar su puesto, y un montón de loros que se aprendían lo que decía su jefe para luego repetirlo por todas las calles de la ciudad.

En una esquina observaba esta procesión un perro, había estado hablando a cuatro gatos, contándole que por culpa de algunos que pertenecían a la corte del Asno su charca favorita para refrescarse en verano se había llenado de algo sucio y apestoso, que uno ya no podía acercarse a la charca sin que su hocico sufriese y que si uno cometía la torpeza de intentar bañarse salía con el pelo cubierto de una sustancia viscosa. El perro paró su charla al ver al Asno, por un momento tuvo el absurdo pensamiento que el Asno había ido a la charca, pues tenía el pelo de entre las orejas peinado hacia atrás, apelmazado y brillante, como quedaba tras bañarse en la charca si uno era lo bastante imprudente, pero en seguida lo descartó por absurdo. Se fijó de nuevo, como ya lo había visto antes en que el Asno no tenía casi labio superior, lo que había disimulado dejándose crecer el pelo de encima, dejando caer como una faldilla que le tapaba el hocico hasta casi la quijada inferior. Apenas movía el hocico al hablar, lo que hacía difícil su comprensión, aunque no tan difícil como la del Dinosaurio que unas veces se comía las vocales y otras las consonantes, sobre todo al finalizar sus frases.

- Pues si, me ha dicho Jorge la Chinche que está muy contenta con tu actuación en nuestra ciudad, y que la batalla va bien - Dijo el Dinosaurio.

- Si -Aceptó el Asno- pero aquí hay muchos perros que nos acusan de ser nosotros los que hacemos esa guerra, total porque fuimos a una reunión y tratamos por todos los medios de que se hiciese, porque amenazamos a nuestros vecinos si no la apoyaban y porque enviamos a algunas tropas a la retaguardia.

- No sé porque se preocupan tanto de esos perros, son perros infieles. ¡Ay! si yo fuese mas joven, emularía a Santiago Matalobos e iría allí a matarlos yo mismo. Además, cada año mueren muchos perros aquí en nuestra ciudad, atropellados, y nadie protesta por ellos -Arguyó el Dinosaurio.

- Yo también detesto a esos perros infieles, he decretado que no entren en nuestra ciudad, o que al menos los que vengan estén domesticados, pero no hacen mas que venir. Hace un tiempo nos encontramos algunos un poco rebeldes, eran perros negros, al final los dormimos y los enviamos de vuelta, como dije en su momento: \"Teníamos un problema y lo hemos solucionado\". Pero siempre vuelven diciendo que allí pasan hambre... aunque algunos se ahogan cuando intentan cruzar el río. De buena gana los largaba yo a todos, pero al otro lado del río vive un Rey de los Perros infieles, y nos interesa que no esté demasiado enfadado que aún discutimos por quien reina en algunos sitios, no hace mucho tuvimos que echarlos de la isla del Muérdago.

Miraba el perro que estaba en la esquina con los cuatro gatos esta cháchara, había dejado de ladrar para poder escucharlos bien, y su rostro adquirió una cara tan triste como podía tenerla un perro. No conocía a los perros infieles que estaban muriendo a cientos allá lejos, pero eran perros como él y lo sintió. De vez en cuando veía también algún perro del otro lado del río, que también eran infieles, y se entristecía pensando lo que debían sufrir al otro lado y lo duro que debía ser cruzar aquel río, solo para llegar aquí y encontrarse con el desprecio del Asno y sus secuaces. Siempre era el mismo Asno, el que había promocionado la muerte de los infieles, el que los expulsaba cuando llegaban a la ciudad, en culpable último de la fetidez de la charca, trató de que no se le notase demasiado, pero no pudo evitar mostrar los dientes y soltar leve gruñido.

Pero el Asno tenía buenas orejas. Y también el Dinosaurio, y ambos oyeron al perro y al girar la cabeza también pudieron verlo.

- Ya está otro perro ladrando su resentimiento en una esquina. Fíjate, y hay cuatro gatos escuchándolo, y necesitamos el apoyo de los gatos o podríamos perder el poder -Dijo el Asno.

- Dímelo a mi -Dijo el Dinosaurio- Por culpa de esos perros tengo el barrio revuelto, incluso algunos se han organizado y se creen Peterpanes, dicen ser del de \"Nunca Jamás\". Me están revolviendo el barrio, y llenándolo de mierda con papelitos negros... protestan por el accidente de la charca, cuando encima toda la es culpa de otro perro, de uno llamado Apostolobos.

El Asno puso una sonrisa socarrona al tiempo que hacía un guiño de complicidad.

- Bueno, también influyó la torpeza de nuestros subordinados, porque Fernández De Rata y Ángel el Pavo Real también se lucieron, por no hablar de la estupidez de la mula Cascos que se fue un día a patinar y otro de caza...

- ¿Que carallo pasa con irse de caza? -Lo interrumpió el Dinosaurio indignado- ¿Es que uno no puede irse a cazar cuando le da la gana? Somos carnívoros, devoramos a nuestros oponentes y cazamos a nuestras presas. La caza es algo mas importante que un accidente en una charca. Faltaría más...

- Si si si -Trató de calmarlo el Asno- No te critico a ti, pero cuando tu te vas deberían quedarse otros para aparentar que al menos el tema nos preocupa.

- Eso ya está arreglado -Añadió el viejo Dinosaurio- Los dos que cometieron la torpeza de acompañarme ya están defenestrados. Con uno no ha habido problema, le dimos un puesto de jefe de mirador y se quedó contentillo. El otro si, ese ave de Rapiña que venía de la tierra de Caín, dicen que anda barruntando una venganza contra mi, pero no se atreverá, todavía tengo la suficiente fuerza para despedazarlo si me lo propongo.

El Asno sabía que era cierto, el viejo Dinosaurio todavía era un animal peligroso. El lo sabía muy bien pues había sido el Dinosaurio quien le había dado a él el testigo hacía años, y aunque el Asno era ahora mucho mas poderoso aún trataba de sustentar al Dinosaurio en el barrio que dirigía, tenía muchos gatos en ese barrio que tenía que tener contentos pues era uno de los lugares donde el Asno contaba con mayor popularidad.

- No tendrás problemas con el Rapiña, no es tan tonto como para enfrentarse con todo nuestro poder. Pero tenemos que hacer algo co ese perro -Dijo el Asno con sonrisa malévola.

Y a una orden suya varios gorilas fueron a por el perro y lo golpearon y mientras lo hacían lo insultaban con las peores cosas que le pasaban por la cabeza \"NACIONALISTA\" le llamaba uno, \"PACIFISTA\" le llamaba otro, \"OPOSICION\" le llamaba un tercero.

No tuvo ninguna oportunidad de defenderse el pobre perro, aunque lo intentó, pero eran mas, eran mas fuertes e iban armados. Y terminó como perro apaleado, triste por él, por los perros infieles, por los perros negros y por su charca. Sólo entonces se dio de cuenta que la mayoría de los perros de su cuidad eran cojos, algunos eran viejos que arrastraban su cojera de viejas batallas, otros eran jóvenes como él y arrastraban su cojera desde hacía pocas semanas. Preguntó a un perro viejo y este le explicó su historia: \"Son de otra época, de cuando el Asno era solo una cría y mandaba otro ser llamado Jacinto Manco, aunque le llamaban el Garcillo, con ese convivía el Dinosaurio hace muchos años, y para él mordió y dicen que mató a muchos perros que se le opusieron. Es curioso hijo, pero no somos nosotros a quienes se puede aplicar lo de los mismos perros con distintos collares, aunque si que parece que no importa quien mande, siempre habrá nuevos perros a quienes convertir en perros cojos\".








21:55 del 2003-04-11 # 4 Comentarios

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Comentarios

1
De: El GNUdista Fecha: 2003-04-12 04:57

Guau! guauuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!

y por primera vez tantos ladridos les asustaron...



2
De: Alex Fecha: 2003-04-12 05:03

Tened confianza, somos muchos perros, el problema es que además de cojos, tenemos el rabo entre las patas.



3
De: ljtarrio Fecha: 2003-04-12 05:48

y por primera vez tantos ladridos les asustaron...

Por lo que avisaron de nuevo a la perrera municipal, que se encargó de recordarles a los que no ladraban que morder tampoco es costumbre del perro educado.

--
¿Gorilas? ¿Pero esos no se están extinguiendo?



4
De: david alban Fecha: 2004-01-15 12:12

hola q tal
quisiera q me ayuden a elaborar una fichas de lectura para eso necesito el autor ,edicion ,pais ,año,numero de paginas y un pequeño resumen de 5 libros les ruego q los necesito para mañana mismo con anticipacion les agradesco.
atte.
david alban (estudiante)